Le penetré el culito a mi sobrina

Publicado en julio 29, 2009 por  

Lo que les voy a contar me pasó al visitar a la hermana de mi esposa. Era solo un viaje más de trabajo, pero al ir a la ciudad donde ella vive la visita es obligada para dejar saludos y alguno que otro encargo. Pues bien después de hacer lo relacionado al trabajo visité su casa, y cual sería mi sorpresa que solo se encontraba la hija mayor llamada Betty. Es una muchachita de 18 años, la cual yo tenia cerca de 3 años de no verla y la recordaba como una niña flaca y sin chiste.

Pero me sorprendí al ver que la chica que abrió la puerta es dueña ahora de unos hermosos pechos y una cinturita de película, bajo la cual se encuentran un par de nalgas bastantes apetecibles. Yo me quedé embobado y solo atiné a decirle que estaba muy crecida, para lo que yo la recordaba. Ella, muy amable, me dio el pase y me dijo que sus padres acababan de salir junto con su hermano a un partido de fútbol y que llegarían en unas 4 horas más. Le dije que regresaría después o al día siguiente, pero ella me dijo que me quede un rato ya que estaba muy aburrida. Yo encantado, es que me gustaba mucho como se le marcaban sus pezones bajo la blusita que llevaba y se veía que no traía sostén.

Nos sentamos en la sala y quedamos frente a frente, yo trataba de observar lo más que podía de sus senos y algo de su entrepierna pues llevaba un short bastante flojo. Platicamos un rato de sus estudios y de sus amigas. Le pregunté si había una tienda cerca ya que quería una cerveza, me indicó como llegar y me dijo que deje la puerta abierta mientras terminaba de hacer unas cosas.

Fui a la tienda y cuando regresé fui directo al baño y cual sería mi sorpresa que allí se encontraba Betty con los ojos cerrados, masturbándose frenéticamente, tocando su clítoris con una mano y metiéndose un dedo en su delicioso culito. Yo no lo podía creer y sin hacer ruido contemplaba el espectáculo. Mi verga ya estaba a cien y justo cuando la sacaba para masturbarme ella se vino y abrió sus ojos. Al verme se asustó y quiso taparse, pero sin quitarle los ojos de encima a mi verga que estaba bien dura y erecta.

- No te preocupes, nadie va a saberlo. Ve bien sin pena, ¿Que, nunca habías visto una en vivo?
- No, solo en revistas y películas que me presta una amiga. Cuando llegaste había estado viendo una película, y me dieron ganas de masturbarme.
- ¿Quieres hacer lo que ves en las películas? Pues yo te ayudo.
- Bueno… Si, pero aún no quiero perder mi virginidad, por eso tengo tiempo metiéndome mis dedos en el ano. Por lo pronto solo quiero ser penetrada por allí, espero que eso no te moleste…
- Está bien, pero vamos a tu cuarto.

En cuanto llegamos le quité lo poco que le quedaba de ropa y empecé a besarla con gran pasión, bajé lentamente por su cuello hasta llegar a sus senos donde empecé por lamerle sus pezones, primero uno y luego el otro para después empezar suavemente a morderlos mientras con mis manos recorría una y otra vez sus piernas; pronto mi mano llegó a su pequeña vulva y empecé a rozar despacio su clítoris, sin dejar de morder cada uno de sus pezones, en unos segundos la tuve gimiendo y diciéndome que nunca había sentido algo igual.

Dejé sus pechos y fui bajando lentamente mi boca por su vientre hasta llegar a su conchita y empecé a besar y luego a lamer sus delicados labios vaginales percibiendo el aroma. Enseguida empecé a lamer su clítoris mientras uno de mis dedos comenzaba a hurgar en su anito con mucha suavidad, pronto empezó a convulsionarse y a gritar y a decir que se venía.

Chupé y rechupé su conchita tragando toda su venida y aprovechando su humedad para mojar otros dos dedos y empujárselos por el ano. Volví a trabajar con mis labios sus pezones que estaban bien erectos. Con una mano dilataba su ano y con otra estimulaba su clítoris. Cuando sentí que su anito estaba lo suficientemente dilatado la giré y la coloqué a cuatro patas, me coloqué atrás de ella y con suavidad coloqué la punta de mi verga en su anito y empecé a presionar lentamente.

No se la podía introducir, así que tomé un bote de aceite de su tocador y me unté en la verga una generosa porción, nuevamente empujé y de pronto su esfínter cedió y penetró la cabeza de mi verga. Betty gritó e intentó zafarse pero la jalé con suavidad y dejé que se acostumbrara a la invasión de mi verga en su culo, le besé su espalda y arremetí con el roce de su clítoris; poco a poco se volvió a excitar y aproveché para penetrar un poco más, ella lanzó un suspiro y jadeando me dijo: “Continúa tío, párteme en dos”.

Seguí avanzando hasta que ella tenía la mitad de mi verga adentro de su culo. Dejé nuevamente que se acomodara y luego empecé a moverme lentamente, era delicioso sentir como su ano me exprimía la verga. Ya me sentía venir cuando ella se vino en otro prolongado orgasmo. Yo aceleré mis movimientos y aproveché para meterle un poco más de mi verga y así me vine eyaculando una gran cantidad de semen.

Lentamente se recostó y yo me salí de ella con mucha suavidad. Al salir mi pene dejó salir una cantidad asombrosa de semen que ella recogió con sus dedos y luego lamió. Betty me dijo que se sentía adolorida pero muy satisfecha. Me dio un beso y me pidió guardar nuestro secreto.

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