El soldador y la joven putita

Publicado en agosto 28, 2009 por  

-Hola-. Dijo Juan al maestro que se encontraba soldando una reja.
-Hola, respondió el maestro, y continuó: dígame-.
-Lamento molestarlo, pero quisiera saber cuanto me costaría que usted me soldara unos fierros en la reja de mi casa. -Bueno, tendríamos que ver cuantos fierros son.

Ambos se encaminaron hasta la casa de Juan. Cuando llegaron, en la puerta estaba la señora de Juan y su hija, una linda jovencita de unos 18 años, rubia, ojos verdes, delgadita, con unos pechos chicos, pero preciosos que se traslucían por la vestimenta que en ese momento llevaba puesta, una especie de short cortísimos que dejaban ver un par de hermosas piernas, a lo que el soldador no pudo ser indiferente pasando por su mente los más lujuriosos pensamientos.

-Mire, estos son los fierros que están desoldados.
-Está bien, son pocos, le va a salir barato no se preocupe, pero en este momento no puedo hacerle el trabajo ya que estoy terminando una reja que es urgente, ¿le parece mañana?
-Si, mañana me parece bien, pero mi esposa y yo no vamos a estar ya que tenemos que trabajar, solo estará nuestra hija.
-Ah, no hay problema, mañana vengo temprano con mis cosas y le dejo la reja soldada y en la noche cuando usted llegue arreglamos el costo, ¿le parece?
-Me parece bien maestro, muchas gracias.

Al otro día el maestro llegó temprano como había prometido y le abrió la puerta la señora de Juan que ya estaba a punto de marcharse a su trabajo.

-Buenos días señora.
-Buenos días!-, le responde ya saliendo por la puerta. -Queda en su casa, maestro. Mi hija ya está por bajar, si es que necesita algo pídaselo a ella-.
-Perfecto, muchas gracias, que les vaya bien el día de hoy.

El maestro comienza con los preparativos para realizar el trabajo, y de pronto se percata de que la hija venía bajando por la escalera, ahora tenía otro short de dormir y una camisola transparente la que mostraba sus pechos sin sostén.

-Hola-, dice él.
-Hola, ¿necesita algo?
-No nada por el momento.
-Ya no dude en llamarme si me necesita usted para lo que sea-. Dicho esto se da vuelta sin antes mirarle y sonreírle muy picaronamente.

Antes de que ella se retirara él le dice:
-Me puedes convidar un vasito con agua?
-Pues claro!-. Ella baja hasta el primer piso y se dirige hacia la cocina pasando por delante del maestro
-Eeres bella.
-Usted cree?
-Si, eres muy linda. Debes de tener a tus amistades locos por ti.
-La verdad es que si, pero son todos unos pendejos inmaduros
-Pero debes de tener novio o algo.
-Si tengo, pero como ya le dije, es un inmaduro que no sabe como hacer feliz a una mujer-, y estira su mano con el vaso de agua.

Él recibe el vaso tocándole suavemente la mano y dejándola así asida con el vaso de por medio.

-Realmente eres exquisita-, le dice y la atrae hacia si depositando en los labios de ella el más ardiente y suave beso a lo que ella responde sin el menor atisbo de rechazo.

Él suavemente le acaricia la espalda con la otra mano bajando hasta su cintura deteniéndose y continuando hasta llegar a sus nalgas que se sentían duras y tersas, se separa un poco de ella y la hace dar una vuelta como bailando y le vuelve a repetir:

-Mmmmmmmmmmmmmm, que eres rica… Que dulce es tu boquita, me encantas-. Dicho esto comienza a abrir la camisola hasta dejar liberados esos pequeños y exquisitos pechos, los cuales comienza a mamar suavemente…

Ella se dejaba hacer y recibía cada caricia respondiendo solo con un excitante quejido de placer,

-A esto me refería cuando le decía que mi novio es un inmaduro.
-Si, ahora estás con un hombre que sabe apreciar la belleza y hacer gozar a una hembra como tú…

Suavemente bajaba su mano y recorría con su boca aquel joven y exquisito cuerpo, así hasta llegar hasta su parte íntima a la que le dio un tratamiento muy, muy suave, tratando de que ella sintiera el máximo de placer con sus dedos.

Luego sin dejar de besarse, él la deposita sobre la mesa de la cocina y suavemente la va besando por el cuello, por su pecho, por su estómago durito y bajando suavemente hasta llegar a su conchita ya húmeda por tanto tratamiento y comienza a pasar su lengua delicadamente en un movimiento hacia abajo y hacia arriba…

Ella solo gemía, él le continuaba dando con su lengua y dedos a esa conchita ahora llegando más y más al fondo, mientras ella movía su cadera en un vaivén más y más fuerte.

Ella en un espasmo de placer se deja caer sobre la mesa dejando toda su conchita mojada por la venida, con la cara y dedos mojados de él, ella se levanta y baja de la mesa y le pide que se acomode en el borde, ahora ella corre el cierre del buzo de él y le da la libertad a esa pedazo de carne que se encontraba a punto de estallar.

-Mmmm esta si que es una verga.
-Si, y es tuya, toda tuya.
-¿De verdad? ¿Es mía?
-Si, tuya.
-Ah, bueno… Entonces me la comeré toda-, y sin más comienza a chupar suavemente, pasando su lengua por todo el tronco, haciendo el esfuerzo de comerse todo ese pedazo de carne hasta hacerlo desaparecer.
-Mmm… Si, que rico la mamas, sigue así!!!-. Ella chupaba y chupaba, con sus labios besaba la cabeza de ese falo tieso y a punto de reventar. -No te corras papacito, te quiero sentir dentro de mí-.

Luego de la mamada ella se introduce ese pedazo de carne hasta el fondo, y agarrada de la mesada, se esforzaba en un mete y saca suave al comienzo dejando paso a un movimiento más fuerte cada vez.

Él la toma con ambas manos de sus nalguitas duritas y la trae con fuerza hacia él, ella deja escapar un gemido de placer y se suelta en un espasmo de su cuerpo aún más intenso que el anterior. Él seguía insistiendo en el sube y baja hasta hacerla llegar a otro orgasmo, ella solo se apretaba y retorcía de placer sobre el cuerpo de él, pidiendole que la llene con su leche.

-Chúpamelo otra vez, como tú sabes hacerlo-. Ella se introduce el miembro en su boquita y comienza a chupar. -Si, así mamacita, chupa, chupa, me voy a correr!!
-Si, dame tu lechita, dámela toda, si así, que rico, mmmmm, sigue así, así!

En eso él se suelta y deja caer en el interior de esa boquita toda su leche. Ella, en un esfuerzo por no dejar escapar una gota de esa deliciosa leche se la toma toda.

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