Sexo con dos terribles hembras en mi coche

Publicado en agosto 10, 2009 por  

Permitidme que me presente, me llamo Eduardo, tengo 21 años y esta historia sucedió el año pasado justo por estas fechas. Bueno, no me enrollo más, allá voy. Era un martes o miércoles, no lo recuerdo exactamente, un día normal, o sea que yo trabajaba al día siguiente y no pretendía salir por la noche, así que entré en el chat como solía hacer y estuve charlando un rato. En eso que, veo como dos chicas pedían en el general si alguien iba a ir de fiesta por el pueblo esa noche y que tuviera coche (claro, jeje, interesadas). Me hizo gracia la idea, y aunque yo trabajara a las 8 de la mañana me dio bastante igual, así que empecé a hablar con ellas y al final quedamos en un pueblo vecino para que yo pasara a buscarlas.

Evidentemente no nos habíamos visto nunca, por lo que empecé a preguntarme si no la habría cagado, aquello que siempre piensa uno cuando queda con alguien a quien no conoce. Bueno, llego al sitio, espero, espero… y que ahí no venía ni el diablo… bueno, al cabo de una media hora me disponía a largarme cuando, saliendo de la calle me veo a dos terribles hembras corriendo hacia el coche. Creo que debieron verme la cara porque entraron con risitas maliciosas en el coche, y no era para menos porque yo debí hasta babear.

Dejad que las describa: Sandra, la mayor, era una preciosidad de criatura: rubita, muy finita ella, con unos ojos verdes que quitaban el hipo y un cuerpecito exquisitamente formado coronado por dos preciosos pechos que lucía con desparpajo bajo la blusa, por no mencionar un culito que parecía pedir “cómeme” a grito pelao. Bueno, la otra era Thais o Tahis o no se que, un nombre muy exótico, casi tanto como ella, morocha, unos ojazos enormes, marrones, más femenina que Sandra, con unas curvas de aquellas que te hacen perder los estribos, grandes pechos, con los pezones batallando con el escote, tanto que parecía que iban a agujerearlo… en fin, paro ya porque podría estar todo el día y no es plan.

En fin, no exagero, creo que estuve como 2 o 3 minutos sin saber qué decir hasta que al final los tres nos reímos a carcajada limpia (de mi, por supuesto) con lo que rompimos el hielo definitivamente y a partir de ahí yo me dediqué a echar tejos como un loco a las dos a la vez, y debo decir que a tenor de lo sucedido la cosa surgió su efecto, jejeje.

Bueno, como era un día de mierda en el que no había casi nada abierto nos fuimos a un bareto a tomar chupitos, chupitos y más chupitos. Por supuesto yo deseaba ponerlas bien a tono jaja, no pensaba dejar escapar semejantes nenazas un día como aquél, así que como conozco al camarero le pedí que nos sirviera chupitos varios en los que se tiene que hacer algo más que beber.

Me explico, antes de tomar el chupito había que mezclarlo con azúcar y limón, o con azúcar y grosella, cosas de estas, aplicadas en distintas partes del cuerpo, momento en el que yo, envalentonado por el triunfo con Thais, me dediqué a ella de igual forma, besándola con pasión desenfrenada en medio del bar.

Ahora imaginad, yo en el centro, dando muerdos a diestro y siniestro, abrazando a ese par de mujeres y ellas abrazándome a mi, ¿Qué tenía que decir? Lo más lógico era: “vamos al cocheeeeeeeee!”

Pagué las rondas, me despedí del camarero y salimos a la calle. En la primera esquina las dos me empotraron contra una puerta de parking sobándome, metiendo la mano por mi pantalón, masturbándome, bueno, una locura, yo no sabía por donde meter mano con semejantes lobas, era un maldito juguete a merced del temporal.

Como pude iba recordando que saliéramos de ahí, porque hasta la gente del bar se había trasladado de dentro a fuera para seguir el espectáculo. Cuando llegamos al coche, abrí como pude, se metieron en el asiento de atrás y enchufé el trasto a la velocidad del puto sonido hasta una riera que quedaba muy cerca donde estaríamos tranquilos.

Tal cual llegamos, me dice Sandra: “Ven aquí atrás, cabrón, que te voy a pegar la mamada del siglo” Creo que volé hasta el asiento trasero, al igual que volaron mis zapatos, calcetines, pantalones y slip en menos que canta un gallo. Yo estaba en el centro, en pelotas y todo empalmado, con Sandra y Thais a la derecha e izquierda respectivamente. Sandra me cogió la polla con la mano y empezó a masturbarme muy lento, la muy puta, sabiendo que yo quería marcha total, pero por lo visto me quería hacer sufrir.

Aquello tuvo su efecto porque se me puso el rabo a petar, y entonces aceleró el ritmo, acercó su boca y empezó pasar la punta por los labios, mientras masturbaba cada vez más rápido… hasta que no pude más, la agarré del pelo y le hice bajar la cabeza para que se lo tragara, lo cual hizo con un gruñido de vicio que me excitó muchísimo. Por otro lado, Thais ya se había quitado su ropa, y se masturbaba frenéticamente a mi lado.

Cuando me di cuenta de que no le estaba prestando atención, y a la vista de que Sandra tenía su juguetito bien listo para rato, me giré levemente y empecé a besarla con vicio, mordiéndole los labios, amagándole la lengua, acariciando por encima sus pezones, pues notaba que la estaba haciendo morir, hasta que de golpe bajé la cabeza, metí uno de sus pezones en mi boca y aparté su mano de su coño para reemplazarla con la mía, cosa que ella agradeció entre gemidos.

Como estaba Sandra inclinada encima mío tenía su culito ideal para ser penetrado, así que pasé el dedo por esa rajita maravillosa, a lo que ella respondió arqueando la espalda como una gata en celo mientras no dejaba de chupar y de decirme que le encantaba mi polla, que no dejaría de chuparla hasta que me dejara seco, llevé dos dedos a la boca, me las estaba follando a base de bien, y ellas se miraban y se acariciaban.

Entonces les pedí que se pusieran a cuatro patas, a lo que ellas respondieron dándome el culo, mmmmmmm, que maravilla, dos culos preciosos como aquellos delante mío, y mi rabo que parecía no tener suficiente, rojo, hinchado como nunca, me chupé los dedos y les froté desde el culo hasta el coño a las dos, notando como sus orificios se estremecían al paso de mis dedos.

Les pregunté si les habían dado por el culo alguna vez, y Sandra me dijo que si, Thais no. Así que me puse acomodado ante Thais mientras le iba penetrando los dos agujeros y me recliné hacia adelante para cogerle los pechos mientras le daba cada vez más fuerte. Me reincorporé y le metí un dedo por el culo, entrándolo y sacándolo, durante un buen rato, luego, sin mediar palabra, la saqué del coño y se la hundí por atrás con fuerza, y classs, la misma reacción, pero ella gritó como una posesa insultándome, diciéndome que la estaba partiendo, que me iba a matar. Poco a poco las amenazas se volvieron súplicas y solo pedía más y más.

Entonces ocurrió lo impensable: yo estaba trabajándome a Sandra cuando de repente vi que Thais se desperezaba y empezaba a sobar a su amiga, magreandole las tetas y metiéndole un dedo por el chocho, mientras se besaban, cosa que a mí me hacía ponerme a mil, pero de repente, Sandra le dijo algo en el oído, y ella se giró hacia mí, sonriendo, dirigió una mano hacia mi culo, me lo sobó un rato y de repente noté como mil hostias me caían del cielo…

Empecé a correrme como un loco y eso debió excitar a Sandra muchísimo porque caí encima suyo enterrándole el rabo hasta las entrañas y ella empezó a tener un orgasmo. Me había metido un dedo en el culo la muy puta, me desencajó terriblemente. Nunca pensé que pudiera resultar tan erótico, pero vaya, así fue. Después de esto, nos quedamos rendidos, sobre todo yo, que al rato, después de dedicarnos unos cuantos piropos, tuve que salir a fumarme un cigarro porque aún me temblaban las piernas del orgasmo que acababa de tener.

Comentarios

Cuentanos que te ha parecido este relato...