Encuentro íntimo con mi amigo de sábanas

Publicado en octubre 1, 2009 por  

Estaba sola en casa, había llegado hacía un rato, de tomar una copa en casa de un buen amigo. Era agradable ver como siempre me llamaba cuando llegaba a la ciudad, lo pasábamos genial juntos, tomando una copa y charlando. Había tenido que esperar hasta que su casa estuviera libre de gente, el inconveniente de vivir en otra ciudad es lo malo para organizar y tener un encuentro más íntimo. No me importó, porque mientras, sentía como me iba excitando poco a poco recordando la de cosas que hacíamos juntos cuando nos encontrábamos, así que esperaba y me ponía más y más caliente, deseando que llegara el momento de volver a disfrutar.

Vino a mi mente el mensaje cuando todavía dormía, después de una noche de juerga.

-Quiero una mamada ¿Me la das?

Nunca saludaba de una manera normal, era parte de su encanto. Las risas del principio siguieron con una serie de mensajes excitantes por ambas partes, hasta que una llamada oportuna, hizo que fajásemos en ese momento el adecuado de hacer realidad, nuestras ganas de volver a vernos y satisfacer nuestro deseo de sexo compartido.

-¿Sara? Ya, ven, te espero.

La llamada me sacó de mis calientes recuerdos mientras esperaba. Sentía mi sexo arder, mojado, después de pensar en ese miembro excitado que me esperaba.

-Hola ¿qué tal? -Bien, bien ¿y tú?

Nuestras pequeñas conversaciones tímidas del principio, siempre me resultaban graciosas, pero sabía que una vez pasado ese pequeño frío encuentro, todo cambiaría, mucho más. En la televisión una película, que solo veíamos a ratos, mientras charlábamos, disfrutábamos de un buen whisky y fumábamos, esperando el momento justo de empezar a saborearnos mutuamente.

- ¿Trajiste algo para masturbarte? -Si. -Bien, me encanta… y el beso ardiente de después empezó a dar paso a los momentos esperados.

Sonreíamos mientras recordábamos las conversaciones que habíamos tenido, en referencia a utilizar algo para disfrutar. El tener que ser yo la que llevara el método que me diera placer y yo dejarme llevar a mí misma, sabía que le excitaba, en el fondo a mí también, por eso sonreí excitada cuando saqué mi bote de gomina del bolso, poniéndolo sobre la mesa, mezclándose con botellas, libros, ceniceros y tabaco que había sobre ella.

Me senté de nuevo y al posar el cigarro, comencé a acariciar ese cuerpo sentado a mi lado, suavemente, sensual, tentador…

La respuesta no se hizo esperar y al rato la mano tocándome poco a poco fue subiendo y bajando por mi cuerpo. No llevaba sujetador, así que mis pezones duros, asomaban tentadores, movía mi cuerpo poco a poco, bajo esa mano, a la vez que mis manos subían y bajaban también por su cuerpo, notando la excitación al subir y subir.

-Quítate el pantalón. Quiero ver esas medias que tanto me gustan.

Decía mientras mis movimientos hacían esfuerzos para bajar el pantalón, y ver asomar las medias negras hasta el muslo y el tanga, que me había puesto para la cita.

-Excitante. -¿Te gusta? -Mucho, si, ya lo sabes.

La palabra abrió paso a la lengua recorriéndome poco a poco, saboreándome, degustándome, mientras era posada sobre el sofá. Me gustaba, los movimientos sobre mi sexo mojado y ardiente, me hacían moverme sin parar, lanzando gemidos de placer.

-Cómeme, cómeme entero.

La visión de ese miembro aprisionado bajo el calzón corto, sexy, enfrente de mí, de pie, me puso muy contenta, es lo que estaba deseando hacer desde que crucé la puerta de entrada. Así que tras apartar la pieza que me impedía poder saborearlo plenamente, comencé a dar rienda suelta a mi hambre de ese pene tan deseado y jugoso.

Mi lengua se movió lentamente, despacio, acostumbrándose al sabor y al volumen, hasta que un movimiento hizo que mi garganta se sintiera ahogar por la presión. No sé el rato que estuve degustándolo en mi boca, no contaba, solo sentía recorrerme el placer, cada vez más.

En un momento, no se el cual, tan ocupada que estaba en mi lamida, sentí como era masturbada por el objeto que había llevado, me gustaba, apretaba las piernas sobre él, las abría, las cerraba, gemía, me retorcía… mientras disfrutaba como nunca, teniendo ese miembro excitado dentro de mi boca y la mano entre mis muslos, moviéndose sin parar.

Gozamos masturbándonos mutuamente, pasando la lengua sobre nuestros miembros ardiendo. El objeto dentro de mí se movía a la vez que la lengua comiéndome el clítoris, sintiéndolo explotar, no paraba.

Mis manos también viajando ahora a los testículos, apretándolos y comiéndolos, ahora al pene tan excitado que se movían adentro y afuera de mi garganta.

-Mójame bien, quiero saborear tu culo.

Mis respuestas como las anteriores quedaron ahogadas por los gemidos mutuos de placer. No le hice esperar y mi saliva empezó a empapar ese miembro, gustosamente, imaginando el momento de que entrara en mí. Un movimiento y me vi a cuatro patas sobre la alfombra, mojada y dispuesta a ser penetrada analmente.

Sentía como entraba poco a poco, algo molesto al principio, pero al acostumbrarme al bombardeo sobre mi culo, mis movimientos y los de él se fueron intensificando, llegando al momento de sentirme abierta del todo y llegar a disfrutar plenamente de la penetración.

-Mmmm, ahhhhh.

Los gritos de placer se mezclaban, junto a las sacudidas, una, otra y al rato con sorpresa, el improvisado consolador me masturbada de nuevo en mi sexo, mientras el pene sobre mi culo, entraba una y otra vez, la mano moviéndose en mi clítoris no hacía más que aumentar el momento glorioso del máximo gusto.

- ¿Así? ¿Te gusta sentirte así, penetrada completamente?, oía mientras los movimientos se hacían más fuerte empujándome sobre la alfombra. -Siiiiiiii- genial, me encanta, mmmm, ahhhh…

Por momentos se notaba el cambio de posiciones y era el pene quien me daba placer por mi sexo mientras el aparato era introducido por mi ahora dilatado trasero. Las ganas de correrme aumentaron junto con nuestras sacudidas ya casi frenéticas, locas, buscando llegar a la cima de esa suave ascensión hacia las cumbres del placer, coronándola con el premio de un orgasmo compartido, lo más genial del mundo.

Queríamos, necesitábamos seguir comiéndonos mutuamente, así que caímos sobre la alfombra, dando rienda suelta a las lenguas sedientas de jugo. Nos movimos de todas las maneras y posiciones, sin dejar un hueco por saborear, disfrutando más con cada nueva pasada.

Unas lamidas urgentes y mi líquido salió con tanta presión como el suyo dentro de mi boca.

Mmmm, era divino, el sabor.

Unas gotas cayeron en mi cara y mis dedos presurosos las atrapaban para llevarlas también a mi boca, no se podía desperdiciar nada…

La sensación de ser chupada mientras salía todo de mi interior, me hizo parar para apreciar mejor ese instante. Los espasmos sobre mi boca abierta se hicieron más rápidos, hasta notar la última gota caer sobre mí.

-Ups, magnífico.

Casi dijimos a la vez, mientras nos acomodábamos de nuevo en el sofá, ávidos de refrescar nuestras bocas secas, ahora, después de nuestros gritos al corrernos.

La película había acabado hacía rato y el sonido del televisor con otro nuevo programa, nos acompañó en nuestra conversación relajada de después.

Se hacía tarde, al día siguiente tenía que madrugar, así que me vestí y nos despedimos con pesar, deseando ambos que nuestra próxima cita, no tardara en producirse, seguiríamos en contacto como siempre por teléfono, hasta que de nuevo visitara la ciudad.

Mientras, acostada después de una ducha, ya en casa, sonreía pensando como un mensaje podía cambiar la manera de pasar una tarde aburrida de domingo…

Comentarios

Cuentanos que te ha parecido este relato...