Me follé a la hermosa mucama de mi tío

Publicado en septiembre 9, 2009 por  

Nos hallábamos haciendo la sobre mesa con mi tío, Pia (la esposa de mi tío) y Jane la hija de Pia. La verdad es que estábamos pasando de lo mejor. Yo tenía a Jane, quien era un verdadero bombón para revolcarnos cuántas veces deseáramos. Por otro lado, si bien es cierto, ya no podía estar con Pia, porque a mi tío se le había despertado el apetito sexual en esos días y tenía a Pia más tiempo en la cama que fuera de ella, por lo demás solamente me inquietaba Rachel, la empleada de mi tío. Ella era una verdadera joya.

Tenía un cuerpo de sueño, y no sé cómo así, mi tío no había tratando de montarla alguna vez. Ella nos había estado observando cuando con Jane nos dimos una buena cogida en la piscina, a tal punto que la vi estimulándose, se cogía su paquete y sus tetas se las restregaba con ansias. Como dije anteriormente, nos encontrábamos haciendo la sobre mesa, cuando toqué el tema de mi regreso, ya que tenía que regresar para poder entrar a clases en la universidad a mi próximo semestre. Estando hablando sobre el tema, entró Rachel y oyó lo que estaba diciendo y que les agradecía mucho a ellos por las atenciones que me habían dispensado. Rachel puso una cara de sorpresa y de quien dice “No te vayas”.

Su carita de muñeca se turbó y se puso triste, a tal punto de que Pia y Jane le preguntaron, que qué tenía, si le pasaba algo, por la cara que tenía. Rachel respondió que no le pasaba nada, que tan solo era un poco de cansancio y que ya se le pasaría. En la noche, una vez que todos nos habíamos retirado a nuestras camas, cuando me disponía a bajar para tomarme mi acostumbrado vaso de jugo de naranja con hielo picado, alguien golpeó a mi puerta, y cuando abrí mi sorpresa fue grande, ya que vi a Rachel con mi vaso de jugo en su mano, y me dijo:

-Como no baja el señor, me atreví a subirle su vaso de jugo, pero lo dijo con un sarcasmo, cosa que me llamó la atención. Rachel entró y me dio el vaso de jugo, lo agarré y lo puse sobre la mesita de noche y la agarré a ella ya que se iba de regreso a afuera del dormitorio. Le di la media vuelta y la puse frente a mí y le pregunté que por qué me hablaba así, si ella nunca ha sido así.

Ella me contestó, que se había cansado de esperarme en la cocina, ya que deseaba hablar conmigo. Le pregunté sobre qué deseaba hablar conmigo. Y me dijo sobre lo que había dicho en la sala en esa noche, sobre mi ida. Que si era cierto o no que ya me iba a ir de la casa. Le respondí que sí. Y ella me dijo ¿Por qué? Por qué te quieres ir (tuteándome cosa que nunca lo había hecho), y le respondí que era porque tenía que entrar a clases. Ella me dijo que ¿qué pasaría si no entraba?

La volví a agarrar y a darle la media vuelta, lo que aproveché para darle mi primer beso en esa boquita que lucía deliciosa, y que me había atraído desde la primera vez que la vi. Ella respondió a mi beso, pero cómo les digo, no fue un beso apasionado, lleno de deseos carnales o algo que se le pareciera, fue tan solo un beso lleno de ternura, de delicadeza y de mucho amor el que ella me respondió. Separándose de mí me dijo al mismo momento que se iba, te veo mañana mi amor.

Yo me quedé pasmado y fuera de sitio por todo lo que había ocurrido, ya que esperaba todo menos eso. Había estado con Pia y con Jane, y nuestros besos y caricias siempre fueron encendidos del fuego del deseo y la pasión, pero en cambio este beso había sido totalmente diferente. Había sido un beso honesto, sincero y limpio, sin dobleces ni segundas intenciones.

Esa noche me costó mucho esfuerzo dormir. Yo estaba acostumbrado a otro tipo de actitudes y la de Rachel me dejó con esa espina clavada en mi mente, y no me la podía sacar. Siendo las seis y media de la mañana, me levanté ansioso de volver a verla, y me encuentro con que mi tío se iba con Pia a la oficina de él, ya que no había ido en casi una semana y tenía que hacer algo junto con Pia. Jane también estaba despierta, y me invitó a salir con unas amigas de ella, a lo que le agradecí. En eso sale Pia y me dice que deseaba hablar conmigo, yo voy y me dice delante de mi tío: Oye creo que Rachel está enamorada de ti. No sea tonto es una gran muchacha. Al cabo de una hora ya todos se habían desayunado e ido a realizar sus cosas, quedándome solo con Rachel en casa y recordando lo que Pia me había dicho.

Al rato bajé para servirme mi desayuno, cuando llegué a la mesa, me encontré una sorpresa, me había servido Rachel un desayuno de rey y señor. Ella se acercó y me dijo que si me gustaba el desayuno. Y le respondí ¿Por qué esas atenciones? Ella me dijo: Yo cuido lo que quiero. Inmediatamente me levanté y abracé a Rachel y le di un beso y le dije, – Sabes, no he podido dormir pensando en ti. Y la volvía besar nuevamente, pero esta vez con mayor ansias, con deseos de absorberla toda ella en mi beso, pero sin malicia. Ella, se separó un poco y me dijo: Besas rico, y me volvió a besar.

Entre besos y abrazos fuimos caminando hasta donde encontramos el sofá de la sala de televisión, en donde la senté y comencé acariciarla. Ella al principio llena de temor, trataba de no continuar con nuestros besos, pero al final cedió y comenzaron a subir de intensidad nuestros besos. Ya no solamente la besaba en la boca, sino que también por el cuello, por la nuca, a lo que ella respondía con ligeros gemidos, y me apretaba cada vez más y más. Mis manos comenzaron a descubrir su cuerpo, su figura, tal cual lo haría un no vidente, para conocer a la otra persona.

Ella le comenzaba a gustar las caricias y me llevaba las manos a donde ella quería que la acariciara, que era especialmente en su cuello y nuca. Ventajosamente, el sofá era lo bastante grande como para caber los dos ahí, por lo cual la acosté, sin ella poner resistencia alguna, y me acosté junto a ella, la puse boca abajo para besarle la nuca y para esto me tuve que poner sobre ella colocando mi pene ya erecto al máximo sobre su nalgas, las cuales al sentirlo dieron un saltito de sorpresa para luego aceptarlo. Yo besaba su nuca, la mordía suavemente, mientras ella incrementaba sus gemidos.

Le comencé a abrir el zipper de su vestido al mismo tiempo de que la iba besando. A medida que iba bajando por su espalda, ella se arqueaba cada vez más y más. Finalmente le abrí toda la espalda del vestido y abrirme la camisa y como no podía hacerle, me arrancó los botones dejando mi pecho libre y a la disposición de su boca, la que me comía prácticamente a besos. Rachel se levantó y se bajo del sofá para arrodillarse junto a mí y acariciarme. Yo comencé a acariciarle los hombros suavemente al principio para luego ir acrecentando la intensidad de las caricias.

Logré bajarle un hombro de su vestido dejando parcialmente una de sus tetas al descubierto. Viendo esto maravillosa cuadro, no pude más que levantarme y comenzar a besar su cuello para ir bajando a su pecho semi descubierto. Cuando ella sintió que mis besos iban en pos de aquellas maravillosas tetas, ella misma se lo descubrió todo dándome lugar a deleitarme de esos dos exquisitos globos bien paraditos, y que se hallaban coronados por un par de pezones puntiagudos en medio de una aureola pequeña.

Mientras mamaba esos deliciosos pechos, me bajé el zipper de mi pantalón dando un poco de desahogo a mi pobre polla que se hallaba a punto de estallar y toda adolorida por lo apretado que ya resultaba mi pantalón. Tomé su mano y la puse sobre mi polla, ella se sorprendió al principio, para luego comenzar a acariciarla sobre el calzoncillo y luego sacarle a libertad. La miraba embelesada, la veía con cara de nunca haber visto una. Posteriormente comenzó a subir y a bajar su mano, haciéndome una deliciosa paja. Yo por mi parte todavía acostado seguía comiéndome esas ricas tetas y no me cansaba de chuparle esos puntiagudos pezones. Cada chupada que le hacía a los pezones ella, se estremecía todita, y se apretaba más fuerte sobre mi boca.

Me bajé del sofá, en la misma alfombra procedí a irle quitando suavemente la ropa hasta dejarla solamente en una pequeña tanguita que muy a penas cubría la tremenda vulva que tenía. Los pelos se le salían por el costado. No pude evitarlo, pero mi boca fue en busca de aquella vulva que me traía loco de ansias de tenerla en mi boca. Me acerqué sobre su rajita, la cual estaba totalmente mojada por sus jugos. Le pasaba mi lengua por encima de su tanga y por los costados. Cada pase era un estremecimiento para Rachel quien había abierto totalmente sus piernas, dándome campo para actuar más libremente.

-Soy una persona que me gusta el sexo, en todos los sentidos, especialmente en lo que se refiere al sexo oral. Me gusta hacer derretir a las mujeres y que acabo sin necesitar de la penetración, me parece delicioso. Pero esta vez creo que pueda decir que me gradué con honores con Rachel. Fui sacando la tanguita con mi boca y mi lengua, la bajaba no sin antes besar y lamer por donde pasaría. Luego me dediqué a llegar a la misma cuevita del placer. Mi lengua parecía un gran pincel, que daba sobre el coño de Rachel. Daba largos y rápidos lengüetazos a lo largo de sus labios exteriores, mientras ella levantaba y arqueaba su cuerpo para que le penetrara mi lengua.

Iba abriendo camino lentamente entre sus labios exteriores y sus labios interiores, chupaba sus jugos que eran una delicia o como un néctar para mi boca ávidas de sus jugos. Finalmente llegué al clítoris, primeramente los besaba y luego lo lamía. Rachel llegaba a su segundo orgasmo, los cuales fueron sucesivos desde ahora. Lo lamía, jugaba con la punta de mi lengua sobre su clítoris, para finalmente al cabo de unos 10 minutos, chupárselo con agresividad, lo que hizo que Rachel tuviera orgasmos múltiples.

Gritaba de placer, me decía que me amaba, que me adoraba, que por favor nunca la dejara. Yo seguía con mi tarea, cuando ella de repente se levantó, yo pensé que algo le había ocurrido, pero se levantó a besarme mi pene y a lamer la cabecita y el cuello. Me arrodillé en el piso entre sus piernas y volví a chuparle ese delicioso clítoris que nunca olvidaré. Ella arqueaba su cuerpo cada vez que chupaba su gruta del amor, bebía y chupaba sus jugos, sentía cada orgasmo que tenía. Finalmente me decía: Mi amor, métemela, quiero que mi virgo sea tuyo, y de nadie más. Hazme tuya papacito querido. Métela ya que no aguanto más. Apúrate.

Me monté sobre ella y comencé a pasarle mi glande totalmente hinchado por el deseo y las ansias de penetrarla, por sobre su rajita. Ella empujaba hacia arriba para que la penetrara, cuando finalmente puse mi glande en la entrada de su cuevita y ella abrió totalmente las piernas levantándolas y abrazándome con ella a la altura de mi espalda. Comencé a empujar suavemente, pero ella en un arranque de deseos me jaló hacia ella con sus piernas, haciendo que todo mi pene entrara hasta tocar el mismo fondo. Ella lanzó un grito de dolor.

Yo la trataba de consolarla con mis besos y moverme lentamente, para que su vagina se acostumbrara al nuevo visitante. Mis movimientos fueron acelerándose gradualmente, hasta que el dolor inicial, se transformara en alaridos de placer y frases llenas de amor y deseos. Ella seguía teniéndome prisionero entre sus piernas. Mis movimientos fueron ahora acompañados por los de ella, y unidos así nos dábamos gusto el uno al otro. Los besos, las caricias fueron los complementos de nuestra acción. Yo la bombeaba de lo más rico, girando en redondo y presionando sobre su clítoris. Sus orgasmos seguían a la orden del día.

Cada vez que ella acababa, me apretaba como queriéndome introducir aún más de lo que ya estaba. Mis bolas chocaban contra sus nalgas. Fueron uno, dos, tres, no se, cuántos fueron sus orgasmos, luego de los mismos, me viré y la puse sobre mí, ella se acomodó y se metió mi polla hasta el mismo fondo no sin dejar de expresar el placer que sentía. Comenzó un fuerte movimiento hacia delante y hacia atrás, a veces saltando sobre mi polla, se la sacaba un poco para luego metérsela totalmente. Yo agarraba sus tetas y a veces se las mamaba con fuerza, se la succionaba hasta hacerle venir nuevamente.

Mi pene estaba llegando a su límite, ya no podía aguantarme más, se lo dije, quise sacársela por eso del embarazo, pero ella no quiso, dijo que quería sentirme adentro de ella y que acabara dentro, que no me preocupara. Comencé a moverme con mayor rapidez, ya me venía, sentía como mi glande estaba a reventar, Oh qué placer sentía, estaba por acabar, ella se movía con fuerza, estaba también por acabar, Finalmente a los poco instantes, tanto ella como yo terminamos en medio de gemidos y gritos de placer y satisfacción. Yo me seguía moviéndome, quería agotar hasta el último esfuerzo de seguir dentro de ella, y ella también hacía lo mismo, hasta que cayó sobre mí totalmente desfallecida.

Levantó su cabeza y me dijo: Gracias, mi amor estuvo delicioso. Desde ahora soy tuya para siempre. Sólo a ti te voy a amar. Tenlo por seguro. Y rompió en llanto. Yo creía que era porque había perdido su virginidad, pero ella me dijo que no me preocupara por eso, que ella estaba llorando por lo feliz que había sido y que era.

Nos quedamos acostados por largo rato, hasta que se levantó para lavarse, ya que estábamos en medio de un pequeño charco de sangre producto de su desfloramiento. Nos metimos a la ducha, ella era todo amor, cariñosa, delicada. Me pidió que me dejara bañar, lo que acepté. Lo estaba haciendo bien, hasta que llegó a mi pene, al cual lo miraba y lo acariciaba, suavemente, para luego metérselo en su boca, lo mordía suavemente, ella se erizaba a cada mordisco que le daba. Finalmente comencé a meterle la punta de mi lengua, ella gemía, dejó mi polla para dar rienda suelta a sus jadeos, dando paso a un nuevo orgasmo. Se había venido. Le sobaba con mi dedo medio su ano, previamente lubricado con mi saliva. Lo presionaba dando círculos sobre su ano.

Poco a poco fue cediendo y permitiendo que entrara la punta de mi dedo. Ella gemía y se movía como si la estuviera follando. Mi dedo estaba haciendo su trabajo, juntamente con el dedo, pasaba mi lengua, lo que le gustaba mucho. Ya cuando vi que estaba lo suficiente dilatado, me levanté y le dije que la iba a penetrar por atrás, ella me dijo que tuviera cuidado que no quería que le doliera.

La puse en cuatro, y le metí mi polla primero en su vagina para lubricarla con sus jugos, Estuve bombeándola por unos minutos, hasta que la vi más encendida, se la saqué y la puse en la entrada de su culito. Presioné suavemente y su esfínter fue cediendo, dando paso a mi polla. Cuando ya hubo entrado mi glande, me detuve, ella jadeaba y su respiración era nuevamente agitada, estaba por venirse.

Le acariciaba al mismo tiempo su clítoris y con la otra mano sus tetas. Yo estaba en la gloria. Tenía a esa mujer para mí. Yo me importaba su oficio, solamente ella me importaba. Quería hacerle feliz, quería hacerle disfrutar al máximo. Comencé a moverme en forma circular en su ano, para ir metiéndole lentamente mi polla hasta el mismo fondo, ella estaba llegando a un estrepitoso orgasmo que la hizo gritar a viva voz y empujar para atrás, diciéndome, métemelo toditito mi amor, mummy que rico se siente. Papacito te amo.

Yo seguía bombeándola, mete y saca, ella se acompasó conmigo y llevamos el mismo ritmo, la cama parecía que se iba a desbaratar con nuestros movimientos, hasta que juntos nos vinimos en otro orgasmo lleno de placer y éxtasis.

Acabamos y nos quedamos tendidos y rendidos totalmente. Habíamos estado cerca de dos horas follando, nos habíamos olvidado del mundo, nos desvinculamos de todos, para estar solamente los dos disfrutando de esta gran oportunidad. Nos levantamos al cabo de una hora de estar hablando y besándonos, cuando la vi totalmente desnuda de pie a cabeza y pude contemplar todos sus atributos, quedé prendado de ella más que antes.

Era para mí una verdadera diva de la belleza. No era linda, no era preciosa, simplemente era divina. Sus nalgas paraditas y redonditas que se movían acompasadas al caminar. Sus pechos duros, paraditos y coronados por unos pezones que me invitaban a besarlos a chuparlos. Unas piernas, uff ni para qué decirlo, era una belleza, torneaditas, no delgadas ni gruesas, tal como me gustaba.

Una vulva, que parecía que había sido premiada con media libra más de carne que cualquier otra mujer. Ahh su cara, qué puedo decir de su cara, era una belleza angelical. Tenía carita de muñequita, de esas que se dibujan al gusto de cada uno. Todo esto me sorprendió mucho, ya que nunca había reparado en ninguna otra mujer como en Rachel. Pia era una diosa, Jane una furia sexual hecha mujer, con un cuerpo que muchas quisieran tener, pero con Rachel era distinto. ¿Qué me estaba pasando?

Nos vestimos y salimos a la casa principal. Eran cerca del medio día, y había tomado una decisión: Me quedaría otro largo tiempo más, no me importaba perder el nuevo semestre, ya lo recuperaría. Llamé por teléfono a mi casa hablando con mi madre para informarle la decisión que había tomado, lo cual conociéndome cómo soy con mis estudios, les fue una sorpresa que tomara tal decisión, preguntándome por qué había decidido eso. Me dijo, mira, Rachel es como parte de la familia. Si realmente tú quieres a Rachel, nos parece muy bien a todos.

Les voy a pedir un gran favor les dije, deseo que liberen a Rachel de cualquier obligación en esta casa, ¿lo pueden hacer? Ellos respondieron, dalo por hecho. A partir de ese entonces, Rachel se mudó a mi cuarto y me atendía de mil maravillas, hasta el día de hoy.

Comentarios

Un comentario en "Me follé a la hermosa mucama de mi tío"

  1. Ariel en Mie, 5th ene 2011 14:54 

    loco una muy buena historia, t felicito x quedarte con una mujer hermosa

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