La ahijada de mi mujer

Publicado en septiembre 5, 2009 por  

Mi mujer tenía una ahijada, Lila, que era su debilidad. Pasaron unos años y fui destinado a dirigir la sucursal de una empresa multinacional en la ciudad donde vivía Lila con su familia. Yo había perdido noción de los tiempos y de la edad y condiciones físicas de aquella ahijada que siempre recordaba. Mi primer mes en esa ciudad fui solo y volvía a casa los fines de semana.

El segundo lunes, mi secretaria entró a mi despacho y me dijo:

-Señor, está la señorita Lila… que necesita hablar con Ud.

Por unos instantes pensé en nombres y apellidos y entonces me surgió el recuerdo de la ahijada de mi mujer. La hice pasar y entró una joven morenita, con minifalda, enormes tetas, comprimidas por una playera que dejaba ver el canal atrayente, sus piernas eran una delicia digna de verse. La besé con cariño, ella igual y nos sentamos a tomar un café.

Realmente estaba divina. Hablamos de la familia -la mía y la de ella- de mis tiempos y de cuándo la madrina vendría a vivir en esta ciudad. Mientras tanto, sus piernas cruzadas me permitían mirar sus muslos y hasta el nacimiento de su tanga, era realmente una mina digna de ser llevada a la cama.

Concluida la reunión, nos pusimos de pie y conversamos un largo rato uno al lado de otro. Mis ojos apreciaban sus tetas y mis manos acariciaban su cintura y sus caderas. Ella sonreía y sus ojos chispeaban de alborozo. Ese viernes, apenas había pasado el mediodía, Lila se apersonó en mi oficina.

Estaba vestida con una falda que apenas le cubría la cola, una playera que quería explotar por el volumen de sus pechos y su boca pulposa parecía querer chupar cualquier cosa.

-Hola, vine para pedirte un favor. ¿Cuando viajas a México? Porque quisiera me lleves, así puedo pasar el fin de semana en casa de mi abuelo y volver el lunes… ¿Puedes?
-Por supuesto que si. ¿A que hora quieres salir?
-Cuando tú quieras, estoy a tu disposición.

Se sentó frente a mí, cruzó las piernas y se puso a leer una revista. Sus piernas eran un agasajo. Me acerqué, acaricié sus cabellos, su cuello y me senté a su lado. ¿Como decidiste viajar?, pregunté. El otro día, cuando vine, me di cuenta de que podemos gustarnos entre nosotros, y bueno, si podemos viajar juntos y demorarnos en la ruta, aprovechemos. La abracé por la cabeza y la apoyé en mi verga dura. Ella besó el garrote por encima del pantalón y me dijo: Yo te voy hacer disfrutar.

La puse de pie, la besé y metí mi mano bajo su falda hasta tocar su concha que estaba mojada y caliente. Su lengua penetró en mi boca y su pubis se pegó a la verga que disfrutaba. Vamos a disfrutar el viaje, dijo, te lo aseguro.

Concluí con los papeles del día. Bajé a la cochera con Lila y subimos al coche.

Lo primero que hice fue introducir mi mano en su entrepierna y prometerle:

-Te la voy a chupar hasta secarla.
-Yo también te voy a chupar, luego veremos quien seca a quien-, dijo antes de darme un beso largo y caliente.

Salimos un par de Km. y nuestras manos estaban donde debían estar. Las mías en su concha y las suyas en mi verga descubierta y mamándola con fervor. Le pedí se sacara la tanga, a lo que respondió de inmediato. Se levantó la falda, elevó su pelvis y se quitó la prenda que me entregó en la mano. La olí, aspiré su aroma a mujer en celo y pasé mi lengua por la parte correspondiente a la vulva. Lila me besó en el cuello mientras su mano entraba entre botones de mi camisa en busca de mis tetillas.

-¿Padrino, a donde me vas a llevar?
-A lo de tu abuelo, ¿no?
-¡Si lo haces te mato! Si no me llevas a la cama, te mato.
-Entonces, ¿cogemos?
¡Si, padrinito!

A los 500 metros entré hacia la izquierda a un hotel. La cochera se abría sobre el bar y el jacuzzi, en el segundo nivel el dormitorio y luego una sala de estar confortable con aire acondicionado. Bajé primero, abrí la puerta de Lila y cuando bajó perdí mi mano en su cola. Ella se movió hábilmente y mi dedo se perdió en su concha jugosa.

La abracé y buscaba entrar en contacto con su carne. Ella colaboraba, se subía la playera mientras yo desprendía su corpiño y se desprendía la falda mientras yo amasaba su culo. Desnuda, comenzó a besarme el cuello y sus manos quitaban mi corbata, camisa, cinturón y después de bajar el cierre del pantalón se arrodilló frente a mi verga dura y comenzó a chuparme con devoción. Al límite de la eyaculación, la puse de pie y la llevé a la cama. Se acostó, abrió las piernas y me ofreció sus pechos. Chúpalos, fuerte, como me gusta! Decía a los gritos.

Mordí esos pezones tentadores y me arrodillé frente a esa concha pulposa y aromática. Jugué con mi verga sobre sus labios vaginales y antes de introducirla le pregunté:

-¿Te acabo adentro o afuera?
-Adentro padrino, adentro… Traigo un diu.

Se la puse hasta el fondo, era realmente una culeadora experta, más allá de sus 18 años, movía caderas, cola, pelvis, tetas y sus gritos eran realmente enervantes.

-Cogeme, padrino, cogeme-. Yo detenía mi ritmo y ella aceleraba sus caderas.
-Eres divina Lila, eres divina.
-Tu eres un buen macho, dichosa mi madrina que te tiene siempre.

Ella acabó varias veces, sus jugos bañaban mi verga y sus pechos se ofrecían a mi boca.

-Padrino, soy tuya, ¡soy tuya!

Acabé con un torrente de semen en su concha y ella llegó a su orgasmo final poco después. Nos abrazamos, y después de besarnos largamente, me dijo:

-Déjame que te chupe un rato.

Se agachó, metió toda la verga en su boca y al rato la había puesto dura y dispuesta para otro combate. Yo acariciaba su espalda, sus caderas y sus nalgas. Ella, lamió la cabeza del miembro, me besó y dijo:

-Vamos padrino, ya estás en condiciones para cumplir con mi madrina-. Nos vestimos acariciándonos mutuamente y expresando el deseo que nos embargaba.
-¿Cuándo vuelves?
-Contigo el domingo a la noche.

Brillante jugada de la pendeja, y así fue. La noche del domingo lo pasamos en mi departamento y ella me entregó lo que le quedaba virgen: su culito.

A cinco años de la historia, Lila está felizmente casada con un pendejo de su edad que cree que se casó con una virgen fiel.

El lunes viajo nuevamente a México con la señora Lila, tiene diligencias que hacer. Y aprovecha que su padrino viaja para acortar el viaje. Su marido está tranquilo y mi mujer ni se entera.

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